Surgimiento de las Sintonizaciones Arquetípicas
El surgimiento tiene su inicio a finales del S. XX, a raíz de una serie de sincronicidades. Por entonces, Jose Antonio Campaña era uno de los publicistas más prestigiosos del país[1] y – en sus ratos libres- uno de los primeros investigadores españoles en temas mistéricos (lo que ahora se denomina «periodismo del misterio»), cuando –mediante una serie de coincidencias- se vio impelido a investigar el caso de muchas personas, en su mayoría no-religiosas, que experimentaban regresiones espontáneas a la época de Cristo, estados expandidos de consciencia donde se aparecían imágenes vinculadas al arquetipo de Jesucristo. Posteriormente empezó a tratar de provocar o – mejor dicho- facilitar este tipo de experiencias transpersonales. Todo ello le vino revelado mediante mensajes durante los trances de estas personas. También utilizó el método de observar los movimientos espontáneos que realizaban durante dichos estados de consciencia y aplicarlos a los receptores de la experiencia.

Todo este proceso dio como resultado, en primer lugar, un apasionante libro que resultó un best-seller y posteriormente fue re-editado bajo el título “El legado de las Semillas de Cristo”. Y – en segundo lugar- un método energético para acceder a estos “estados-cumbre” sin necesidad de drogas, rituales, organizaciones, ni intermediarios de ningún tipo.
En cualquier caso, y al margen de estos “misteriosos” inicios, quisiera destacar el hecho de que en las últimas décadas están surgiendo una gran cantidad de métodos dirigidos a desarrollar lo que –bajo la teoría de las “inteligencias múltiples”- se ha dado en llamar la “inteligencia espiritual”. Parece como si – desde finales de los 60 y cada vez más rápida y notoriamente- se viniera produciendo un creciente interés -y despertar- relacionado con esa faceta espiritual que el racionalismo, impuesto en Occidente desde hace siglos, no consiguió enterrar del todo.
En cuanto a mi descubrimiento de esta práctica – también de forma “ casual- acudí, siendo joven, a una charla de Jose Antonio Campaña y – tras ello- recibí una sintonización arquetípica. La experiencia –inefable- que obtuve, resultó realmente impactante para un ego tan racional y agnóstico como el mío. Recuerdo que pude sentir y experimentar, entre otras cuestiones, como nuestro Ser constituye algo más que un cuerpo físico y mental. Desde aquella primera sesión entendí la realidad de otra manera y comprendí que no debía seguir buscando fuera lo que estaba dentro de mí.
Además, agradecí el que, a partir de ese momento, se solucionase tan fácilmente la disyuntiva de estar buscando algo (y por tanto a alguien que me lo enseñara), al tiempo que mantenía – y mantengo- muchas reticencias hacia la figura del “Maestro o Gurú”. Todo se solucionó al conocer a Campaña, quien se me antojó como el “anti-gurú”: personaje divertido y vacilón, que no le hacía ascos a una buena chuleta de carne y a unas cañas con los amigos, y nada “iluminado” ni dado a “poses misticoides”. Su sencillez, humildad y sentido del humor me cautivaron, al igual que lo hizo la práctica que él desarrollaba y posteriormente me enseñó a aplicar a otras personas.
A partir de ahí empecé a colaborar con Campaña para difundir la práctica, lo que derivó en el libro “Surfeando en un Tsunami, manual de sintonizaciones arquetípicas” (prologado por el propio Jose Antonio), porque creo que tengo la responsabilidad de compartir este conocimiento, para que sean muchos los que puedan beneficiarse de algo tan bello y “mágico” como es el mundo de las sintonizaciones arquetípicas. Y además para que no se pierda la esencia de la práctica (cuya base es la no-inducción al receptor), tal y como la enseñaba el propio creador de la misma, quien – lamentablemente- falleció a finales del 2020
Desde aquí mi agradecimiento a Jose Antonio Campaña por habernos abierto la puerta – a mí y a tanta gente- a esas otras visiones, más excelsas y “numinosas”, de la realidad.
[1] Muchos de sus ocurrentes y divertidos spots se hicieron famosos en los años 80 y 90, como los del famoso “hombre de la tónica” (“haciendo shwepping”), el langostino Rodolfo Valentino (“llevadme a casa”) o el de la monja que limpiaba la mesa deslizándose por la misma.